¿TIENES CON QUE MEDIRTE?

Debes sincerarte y reconocer que no tienes con que medirte, porque tus propias normas varían constantemente. Lo que moralmente no toleras hoy, lo aceptas mañana y esto es porque:

Ignorando la justicia de Dios y procurando establecer la (tuya) propia no (te has) sujetado a la justicia de Dios. (Romanos.10:3)

La ley de Dios cambia esto, al darte una regla mediante la cual puedes medir la culpa de tu pecado.

Debes saber, aunque vivas bajo tus propias normas del bien y del mal, que un día serás juzgado en un tribunal, y juzgado no precisamente bajo tus conceptos del bien y del mal, (ya que de ser así la ley debería cambiar y amoldarse para cada individuo) sino que serás juzgado por la ley de Dios, la ley que Dios ha impreso en tu corazón.

Porque aún que digas que no (tienes) ley, (haces) por naturaleza lo que es de la ley, (tú eres) ley para (ti mismo) mostrando la obra de la ley escrita en (tu corazón), dando testimonio (tu) conciencia, y (acusándote o defendiéndote tus razonamientos) en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres conforme a mi evangelio (Romanos 2:14-16).

Un día lo creas o no, Dios va a juzgarte, y por Sus palabras deduzco que habrá dos testigos a tu lado.

El primer testigo: Por una parte dice que estará tu conciencia la cual declarará que todos los actos de tu vida fueron realizados siendo consciente de la ley que había escrita en tu corazón. Porque aún que digas que no tienes ley, haces por naturaleza lo que es de la ley. Es decir, que por naturaleza sabes que está mal robar, matar, mentir, fornicar, etc. y por esto no robas, ni matas, ni mientes, ni fornicas, etc. y en el momento que infringes la ley escrita en tu corazón, lo haces a escondidas, para que nadie te vea y te acuse de quebrantar la ley, demostrando así que en los demás también está escrita la misma ley.

Ignorando el segundo testigo.

El segundo testigo: Por otra parte estará también en el juicio, tu razonamiento, (que después de escuchar a tu conciencia decir que tenías la ley en tu corazón), proclamará todo lo que has hecho en tu vida, esto significa que sacará a luz incluso aquellas cosas más secretas de tu vida y que pensabas que nadie te veía al hacerlas, y confrontará cada acto de tu vida con la ley de Dios escrita en tu corazón, y por el resultado de esta confrontación serás acusado o absuelto.

Lo de absuelto es por decir algo, porque la Biblia declara enfáticamente que:

No hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque.
(Eclesiastés 7:20)

Todo aquel que comete pecado infringe también la ley, pues el pecado es infracción de la ley. (1Juan.3:4)

La ley ilumina y capacita al pecador para que vea que hay razón en el juicio.
Luego el incrédulo se convencerá de su pecado y de la necesidad que tiene del perdón de Dios.

Hay alternativa a la condenación el día del juicio:

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados Él, (Dios) es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:8-9)

¿Cómo puede Dios fiel y justo dejar sin castigo mi pecado, simplemente con arrepentirme?.

Mas él (Jesucristo) herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Dios cargó en él el pecado de todos nosotros. (Isaías 53:5-6)

Asegúrate mientras estés a tiempo de que a cargado Dios tu pecado sobre Su Hijo por haberlo confesado.

Dios no deja sin castigo el pecado, sino que deja sin castigar al pecador que cree en Su Hijo Jesucristo y lo confiesa como su Señor y Salvador. Por este acto de fe Dios declara justo al que se arrepiente, y escribe su nombre en (el libro de la vida) el libro de los que se salvan del infierno.

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. (Apocalipsis 20:11-15)

Únicamente el amor por tu alma me ha llevado a escribirte esta breve exhortación.

Cursivas tomadas de la Biblia.