NACER DE NUEVO

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios (Juan 3:1, 3).

Nicodemo era muy, muy religioso, pero no era salvo.

En todo lo que de él se dice en los Evangelios, no aparece ni una sola cosa mala de él, a no ser que se le acuse de cobardía por ir a Jesús de noche por miedo al Sanedrín, pero también pudiera ser que ese fuera el único momento que pudiera encontrar para una entrevista personal con Jesús. Desde la mañana hasta la noche, el Señor siempre estaba en medio de multitudes. Todo indica que Nicodemo era un hombre moral, religioso, bien educado, cumplidor de la Ley y fiel a su congregación. Pero no era salvo. Le faltaba una cosa, y el Señor Jesucristo le dice que es: nacer de nuevo.
Nicodemo era fariseo, lo que quiere decir que pertenecía a la más respetable organización religiosa de su época. Era miembro del Sanedrín, el cuerpo gobernante de la religión en sus días, pero no era salvo. Era triunfador en su vida pública, todo el mundo lo admiraba por su piedad y buenas obras, y todos le tributaban honor, reconociéndole como un Maestro entre los judíos. El mismo Jesús lo reconoció cuando en el transcurso de la conversación le dijo:

¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? (Juan 3:10).

PERO NO ERA SALVO.

Un fariseo, hombre respetable, un gobernador entre el pueblo, un maestro de Israel, un hombre religioso, pero no era salvo. Tenía religión, pero no estaba satisfecho con su religión, sentía un vacío, y un terrible temor del futuro, y por esto acudió a Jesús. Él reconocía que lo externo no era suficiente y que todas sus obras buenas, que impresionaban a los que le rodeaban, no lo podían preparar para presentarse ante Dios al final de sus días.

EN BUSCA DE RESPUESTAS.

A la pregunta de Nicodemo el Señor Jesucristo le respondió con estas significativas palabras:

De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere
de nuevo, no puede ver el reino de Dios (Juan 3:3).

La expresión "nacido de nuevo" literalmente quiere decir: "nacido de lo alto". La palabra griega usada es anothen, que significa "de arriba"; es decir, de Dios. El apóstol Juan nos dice:

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo,
es nacido de Dios (1ª Juan 5:1).

El nuevo nacimiento no es un renacimiento, sino un verdadero NUEVO NACIMIENTO. El primer nacimiento fue natural, terrenal; el segundo, de lo alto, espiritual. El primero lo hace a uno miembro de la raza caída, el segundo nos constituye miembros de una raza redimida. El primer nacimiento le proporcionó la naturaleza corrompida y pecaminosa de la raza de Adán. El nuevo nacimiento le da parte en una nueva naturaleza de origen divino. Ambos son por siempre antagónicos y distintos. La naturaleza vieja es una naturaleza pecaminosa y por lo tanto destituida de la gloria de Dios. La nueva naturaleza es una naturaleza que se recibe de Dios por el Espíritu Santo por medio de la fe en la obra de Jesucristo a favor del pecador que se arrepiente.
El apóstol Pablo lo dice con estas palabras:

Por cuanto todos pecaron, y están destituidos
De la gloria de Dios. Siendo justificados gratuitamente
Por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús
(Romanos 3:23-24)

DIFÍCIL PARA LA RELIGIÓN

Esta verdad, al principio, fue muy difícil de entender para el religioso fariseo Nicodemo, quien inmediatamente presentó su objeción, diciendo:

¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?
¿Puede acaso entrar por segunda vez en el
vientre de su madre, y nacer?. (Juan 3:4).

Entonces Cristo se apresuró a responderle, diciendo:

De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere
de agua y del Espíritu, no puede entrar en el
reino de Dios (Juan 3:5).

Usted notará que en esto hay una revelación progresiva. Primero, uno debe nacer de
nuevo para "ver" el reino de Dios. La salvación es del Señor, y solamente el Espíritu Santo puede abrir los ojos del pecador quien está ciego y no puede ver que necesita ver su incapacidad, o sea, la inutilidad de sus obras y de su religión, y la necesidad de arrepentirse para salvarse, sin estos requisitos no podrá ver el reino de Dios. Pero luego, en el versículo 5, Jesús declara cómo opera Dios para efectuar el nuevo nacimiento. Nos dice:

El que no naciere de agua y del Espíritu.

"Nacer del agua y del Espíritu" Las Escrituras indican, de forma bastante clara y definida, que con esta palabra simbólica (el agua) Jesús trata de explicar cómo se produce el nuevo nacimiento por medio de la acción de la PALABRA DE DIOS cuando es iluminada y hecha vivificante por el Espíritu Santo. El agua es ciertamente un símbolo de la Palabra de Dios. San Pedro así lo declara al decirnos:

Siendo renacidos, no de simiente corruptible,
sino incorruptible, por la Palabra de Dios que
vive y permanece para siempre (lª Pedro 1:23).

NACIDOS DE NUEVO POR LA PALABRA

Podríamos citar muchos otros pasajes para probar que el agua, en muchos casos, indica la Palabra de Dios cuando se habla del nuevo nacimiento. Por lo tanto, aquí Jesús está enseñando que el nuevo nacimiento se produce cuando el mismo Espíritu Santo toma la Palabra de Dios y la aplica al corazón del pecador, convenciéndolo de pecado y mostrándole que sólo por medio de la fe en el Señor Jesucristo puede ser salvo. Esto es ser NACIDO DE AGUA Y DEL ESPIRITU.

¿POR QUE HAY QUE NACER DE NUEVO?

Jesucristo lo explica así:

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo
que es nacido del Espíritu, espíritu es (Juan 3:6).

Por nuestro primer nacimiento nacemos según la carne de Adán, corrupta, pecaminosa y bajo condenación. La naturaleza adánica es tan corrupta, que no importa cómo la vistamos de ética, moralidad, educación y religión. Dios no trata de reparar ni mejorar su condición; por el contrario, la ignora, y hace posible que cuando el pecador cree, reciba una NUEVA NATURALEZA por el NUEVO NACIMIENTO, que es vida eterna, la vida por el Espíritu de Dios. Esto es una nueva criatura como dice el apóstol Pablo.

De modo que si alguno está en Cristo,
nueva criatura es; las cosas viejas pasaron;
he aquí todas son hechas nuevas (2ª Corintios 5:17).

¿CÓMO SE PUEDE OBTENER ESTA VIDA NUEVA?

El resultado de esta nueva naturaleza es VIDA ETERNA. No se trata de existencia eterna, porque los incrédulos también tienen una existencia sin fin en el infierno, sino que es una verdadera vida eterna que procede de Dios mismo. Por eso Jesús, en contestación a la pregunta de Nicodemo: "¿Cómo puede hacerse esto?", o sea, ¿cómo puede obtenerse esa vida eterna o nuevo nacimiento?, dijo:

Y como Moisés levantó la serpiente
en el desierto, así es necesario que el
Hijo del hombre sea levantado, para
que todo aquel que en él cree, no se pierda,
mas tenga VIDA ETERNA" (Juan 3:14, 15).

Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo Unigénito, para que
todo aquel que en él cree, no se pierda, mas
tenga vida eterna" (Juan 3:16).

Notemos que las palabras empleadas aquí son VIDA ETERNA. en el griego original la palabra indica en todos los casos "para siempre jamás"; algo que nunca deja de ser una eternidad de gozo y felicidad. Cuando la Biblia habla de la existencia eterna de los ángeles caídos, emplea otro término, como en la Epístola a Judas, versículo 6, donde se nos dice que son guardados "en prisiones eternas". El término que se emplea aquí es caídos, que tiene un significado muy distinto. El término caídos nunca se emplea en relación con los creyentes, porque la vida o existencia sin fin de los seres condenados es una eternidad terrible y trágica, totalmente diferente de la de los redimidos.

Para el creyente la muerte es dejar su vivienda de barro, para llega a ser libre en la presencia del Señor, y con la bienaventurada esperanza de la resurrección, cuando con nuevos cuerpos nunca más moriremos y nunca más tendremos sufrimiento o llanto.

Pero qué diferente es la situación del que no ha nacido de nuevo. Este no tiene esperanza de un futuro eterno con El Creador del universo. Por esto me permito preguntarle:
"¿Ha nacido de nuevo?"

De cierto, de cierto te digo,
que el que no naciere de nuevo,
no puede ver el reino de Dios (Juan 3:3).