A POR EL ÉXITO

Una mañana cogí el coche y me fui al canódromo, tenía curiosidad por ver las carreras de galgos, al poco tiempo de estar sentado en la grada, los galgos fueron introducidos en sus respectivas jaulas sobre la pista y listos para la salida.

Sobre un rail que rodeaba la pista por la parte interior, se deslizaba un mecanismo cubierto por una piel simulando una liebre, este mecanismo controlado a distancia fue aproximándose lentamente a la altura de las jaulas donde estaban los galgos, y cuando las hubo sobrepasado unos 10 metros aproximadamente, de pronto se abrieron las puertas de las jaulas y los galgos salieron a toda velocidad en pos de la falsa liebre.

La falsa liebre se mantenía en todo momento a corta distancia de los perros para que no se despistasen y dejasen de correr tras ella. Después de la primera vuelta a la pista, ya era evidente el cansancio en los perros, a la segunda vuelta algunos iban varios metros rezagados, y poco antes de que finalizara la carrera, los perros mostraban claras evidencias de su fatiga, y por si fuera poco la falsa liebre desaparecía en un cajón dejando a los perros sin el premio.

Todos soñamos con el éxito. Es nuestro objetivo, o nuestro destino en la vida.
Apenas se abren las puertas de las jaulas de los colegios o universidades, y todos empezamos una frenética carrera.

Algunos corren tras el éxito, éxito que consiste en ganar mucho dinero, vivir cómodamente y jubilarse sin problemas.

Otros corren por destacar en alguna actividad, ganar dinero y lograr la admiración de los demás como individuos importantes e inteligentes.

Hay otros que corren para acumular bienes materiales. Tener una gran casa, conducir un coche lujoso, poder entrar en una tienda y comprar lo que a uno se le antoje.

Todos albergamos el sueño de alcanzar el éxito, y cuando pensamos haberlo conseguido nos damos cuenta que la carrera de nuestra vida está llegando a su fin, mostramos claras evidencias de fatiga, y por si fuera poco tenemos que dejar todo aquello por lo que hemos estado corriendo a lo largo de nuestra vida, y nos sentimos engañados.

Me pregunto ¿No será que tenemos una idea equivocada del éxito? ¿Tal vez no hayamos comprendido las condiciones que Dios establece para alcanzarlo?

Jesucristo instó a sus discípulos diciéndoles: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33.)

El problema no es carecer de objetivos, sino que éstos sean equivocados.

Son muchas las personas que se dieron cuenta del verdadero éxito, entre ellas se encuentran científicos, artistas, deportistas etc. Personas que no dejaron que el éxito secular les impidiera encontrar el éxito verdadero que sólo se obtiene al tener una relación personal con Dios. Este tipo de éxito es permanente, y nada ni nadie lo puede quitar.