EL CALLEJÓN SIN SALIDA

LA CUENTA REGRESIVA

Cada alma viviente trae incrustada una pequeña mecha que arde al compás del tiempo. Todos tenemos una. Algunas arden lentamente. . . otras con rapidez. Cada nacimiento marca el comienzo de una cuenta regresiva que, sin excepciones, llega un día al "cero". Sin embargo, a diario encogemos los' hombros con indiferencia. Por las noches, bostezamos en la presencia de Dios, damos media vuelta y nos quedamos dormidos. . . en tanto que la espoleta sigue avanzando. Pero hay una pregunta espantosa que constantemente roe el subconsciente del hombre:
Si dormido me llega la muerte, ¿Cuál será de mi alma la suerte?

EL CALLEJON SIN SALIDA...

La vida es un callejón sin salida en cuyo extremo nos espera el féretro. Ese extremo es la hora "cero". Allí la espoleta hace funcionar la bomba de tiempo. ¡Ha llegado la hora y uno traspasa lastimosamente el umbral de la muerte! ¡Qué esperanza! ¿ Habremos pasado por alto algo? Una noche sobre las heladas aguas del Atlántico se marcó una horrenda cuenta regresiva, y un signo de interrogación todavía pende sobre el lugar, donde se hundió el Titánic. ¿Era éste en metáfora el hundimiento del mundo? Aquella noche muchos llegaron al callejón sin salida. . . casi voluntariamente. Primero desdeñosamente echaron al agua botes salvavidas medio vacíos... y aquel desdén pronto se convirtió en terror. ¿Es la tierra un Titánic gigantesco? ¿Estamos también entrando inadvertidamente en un callejón sin salida?

SIN NINGUNA ESPERANZA...

Sólo sabemos esto: nacemos, existimos y morimos. Es corto el tramo de la cuna a la tumba. Solos llegamos de lo desconocido, y solos hacia lo desconocido nos marchamos.
Inevitablemente cada cual ha de enfrentarse a solas con la muerte. El presente es tiempo prestado. Con indiferencia inconcebible marchamos hacia un destino vacío. Marchamos como en fila india. Nuestros hijos vienen detrás. Atrapados, sin esperanza... sin ninguna esperanza, nos agarramos de lo inmediato, nos asimos apasionadamente de nuestras pertenencias, y la cuenta regresiva se vuelve casi audible. Ciertamente hay una liberación que podemos procurar. . . ¡ y que debemos procurar ahora mismo!

EN LIBERTAD...

He explorado los senderos de muchos "ismos" en busca de libertad. . . obsesionantes y encantadores senderos que primero fascinan y luego se vuelven tétricos, vacíos. . . y que conducen al callejón sin salida.
Un día, desilusionado pero en humildad, encontré un amigo que llenó el vació de mi vida. ¿No has visto alguna vez una nube gris y exánime que de pronto adquiere los refulgentes colores del sol? Eso me sucedió a mí. Salí de mis sombrías moradas hacia prados soleados y sentí en el alma una sensación gloriosa y emocionante que había experimentado cuando niño y pensé que jamás volvería a experimentar. La vida cobró para mí nuevo significado e interés. Pero sobre todo, la cuenta regresiva se detuvo. Salí del callejón sin salida. Encontré libertad, una libertad desbordante, ilimitada.
Te voy a presentar a mi amigo, pero primero déjame contarte cómo lo conocí.

EL MISTERIO DEL YO

Descartes dijo: "Pienso, luego existo". Esta es una de las muchas maneras de probar que existimos. Pero la manera ,más directa es mirarse en el espejo. . . convincente evidencia de que uno existe.
Mientras te miras en el espejo, no está fuera de lugar que te preguntes: "¿Cómo vine? ¿De dónde vine? ¿Hacia dónde voy? ¿Por qué?" En realidad esas son probablemente las preguntas más inteligentes que uno puede formularse. ¡No lo olvides! El fenómeno más asombroso que puedes observar eres tú mismo. Si quieres desdeñar lo milagroso, empieza por desdeñarte a ti mismo.
Pero, ¿adónde acudir en busca de una respuesta? Una respuesta, eso es, una respuesta que no se limite al "cómo". Contentarse con eso solamente equivale a una negligencia deliberada en la búsqueda. Para descubrir la verdad hay que determinar el "dónde" y, sobre todo, el "porqué". Aunque parezca increíble, esto elimina cualquier teoría que nos hayamos adelantado a enunciar.
Einstein dijo que apenas podía percibir o comprender una porción infinitesimal de la inteligencia que se manifiesta en la naturaleza. Nosotros por lo menos podemos entender lo siguiente: que existe un universo, que existe este mundo y, lo más complicado de todo, que existimos nosotros. Somos el producto de leyes profundamente inexorables, observables y predecibles. Claro está que cualquier mentalidad sensible rechazará cualquier lógica, por disfrazada de científica que esté, que sugiera que:
Nada x nadie = todo
Sólo por curiosidad, ¿te atreverías a apostar que la selección natural pondrá en órbita un satélite espontáneo en los días de tu vida o en cualquier momento futuro? Basta tener un cerebro de mosquito para no atreverse a apostar ni un centavo a que tal cosa va a suceder. Sin embargo, millones de personas se están jugando el alma contra la probabilidad infinitamente inferior de que el universo entero es el producto de una erupción espontánea y libre de un confuso pasado.
Como que lo que está en juego es de suprema importancia, tu alma y la mía, quizás vale la pena estudiar esto con imparcialidad. ¿Pero adónde mirar? ¿Qué respuesta nos brindaría la esencia de la verdad? Necesitamos una respuesta que sirva no sólo para esos seres que duermen y se alimentan como autómatas. . . sino una respuesta que sirva para individuos capaces de crear inmortales obras de literatura, maravillosas sinfonías. . . y horrendos campos de concentración y bombas de hidrógeno.
Ahora, dime sinceramente, ¿te aburre esto? Una vez un minero quedó atrapado centenares de metros bajo la superficie de la tierra. Se sentó algo alejado de sus compañeros sin dar la más ligera muestra de preocupación. En eso uno de ellos se abrió paso a través de los escombros gritando que había hallado una salida. El minero lo escuchó un instante, bostezó y le dijo:
-Vete, vete. Estoy aburrido de ti.
¿Será posible que exista gente tan estúpida? ¡Sí! Cualquier hombre que marche por el callejón sin salida de que hemos estado hablando es tan estúpido como aquel minero.

LA VERDAD OS LIBERTARA...

El cínico dice: "¿Y qué es verdad?"
Merece que se le dé una buena respuesta. Las verdades humanas cambian de acuerdo con las circunstancias y el lugar. Lo que era verdad indiscutible hace cincuenta años puede ser hoy objeto de burla. Puede ser que tu vecino tilde de ignorancia lo que para ti constituye una verdad. Las verdades humanas se basan en posiciones preconcebidas, en conocimientos partidaristas que muchas veces no son más que prejuicios que brotan de nuestros propios intereses y que muchas veces nos dañan.
La libertad la encontramos en la verdad, pero, ¿dónde hallaremos la verdad? No cabe duda que tendremos que ir a buscarla más allá del capricho de los hombres. La verdad ha de ser inmutable y eterna, y ha de abarcar en su totalidad las irrevocables leyes de la naturaleza que nos atan. Es urgente que la hallemos. De nada nos sirve que una generación futura descubra la verdad. Nuestra salvación depende de que la encontremos ahora, y esto se agrava por el hecho de que la mecha que arde en nosotros es corta.

¿QUEREMOS LIBERTAD?

A muchos "escapes" se les ha puesto la etiqueta de "verdad". ¿No sería mejor ponerles de una vez la etiqueta de "escape"? ¿Conducen todas las avenidas hacia la libertad? Si uno lo estudia bien, verá que no. Cada rincón y cada hendidura de la creación están construidos con ladrillos de una misma fábrica. Examinados bajo los más potentes microscopios modernos, cada uno de estos misteriosos "ladrillos" ostenta la misma marca, al parecer diseñada por un supremo modelador. El insondable protón y la inescrutable galaxia tienen una estructura común. La dinámica nuclear de la arveja y la del universo tienen una similitud extraordinaria. Cada criatura de la creación es una maravilla de individualidad, pero todas manifiestan un diseño común.
Esto, claro, nos lleva a una calle, a una puerta, a una llave. Tristemente, sin embargo, hay demasiadas calles, a cada una de las cuales le han puesto el letrero "LIBERTAD". Todas, excepto una, conducen a un callejón sin salida. . . y por desdicha muchos de nosotros escogemos el camino con instinto de lemmings. (Mamíferos roedores escandinavos parecidos a las ratas de campo que cruzan ríos y atraviesan pantanos con la frenética determinación de llegar al mar. Cuando llegan, se despeñan en él y se ahogan. En su loco frenesí perecen inútilmente).
El hamster es el pariente que el lemming tiene en la ciudad. Sí uno coloca un hamster en una jaula pequeña y le pone dentro un cilindro giratorio, el hamster dormirá, comerá, roerá un poco en su jaula, pero la mayor parte del tiempo se lo pasará corriendo dentro del cilindro giratorio. . . bien serio y con tremendas energías pero sin llegar a ninguna parte. No es fácil disuadirlo de su fútil jornada. Pero sí uno le abre la puerta de la jaula, aun el pequeño hamster reconoce la libertad a primera vista.
Sí hacemos un alto momentáneo en nuestro cilindro giratorio, veremos muchas puertas en nuestra jaula. . . ¿pero cuál se abre hacia la libertad?

BUSCAD Y HÁLLAREIS...

¿Tiene la puerta de tu jaula un letrero que dice "Filosofía"? Lo más probable es que los filósofos te ayuden a cavarte la tumba. Revisemos brevemente lo que han dicho algunos filósofos de la melancolía. . .
Schopenhauer: "La vida es una calamidad de insaciables anhelos e interminable infelicidad".
Nietzche: "La fuerza tiene la razón". Esta inscripción no falta en las puertas de los campos de concentración.
Bertrand Russell, tras pasarse la vida estudiando el enigma del hombre, dice: "Para mi la filosofía ha sido un fracaso total". Tremendo callejón sin salida de 90 años de largo!

Por otro lado tenemos a los filósofos griegos, muchas veces considerados las más grandes mentalidades mortales de todos los tiempos. En tributo al Dios desconocido de ellos, dicen:
Sócrates: "No puede haber mayor felicidad en la vida que tener comunión con Dios, el creador del universo. Llámesele verdad, belleza o virtud, nadie puede explicar a Dios. Pero el hombre por medio de la razón puede acercársele".
Platón: "Lo visible es sólo una sombra de lo invisible, y la comunión con Dios es el estado supremo del alma.
Aristóteles: "La belleza, el orden y la armonía del universo son una expresión de la voluntad de Dios. La estructura del universo es obra de una inteligencia grandiosa. La ley impera en todas partes".
Por otro lado, René Descartes, a quien muchos consideran el padre de la filosofía moderna, razonaba de esta manera: La idea de un ser perfecto no pudo originarse en la mente de un ser imperfecto. . . por lo tanto Dios existe".

DÉJAME PRESENTARTE A UN AMIGO

Así fue como lo conocí. Hastiado de la vida, "invoqué el nombre del Señor" y, fiel a su palabra, me sacó a la libertad, a prados soleados. "Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso.. y os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1Pedro 2:7-9).

Mi hastió comenzó años atrás, en mi juventud, cuando leí que una tarde soleada varios pilotos de Stukas, para demostrar sus habilidades en bombardeos en picada, descargaron sus bombas contra la primera aldea española que encontraron. El corazón se me llenó de odio al ver que se cometía tanta crueldad ante la mirada tolerante de las naciones. En ese entonces no sabía qué odiar ni en qué confiar. ¡ Ahora lo sé!
En aquel entonces creía devota y firmemente que el hombre debía amarrarse los pantalones, forjar su propia salvación y desarrollar un mundo ideal mediante gobiernos, sindicatos y leyes sociales. Me fascinaban las luchas de clases. Mas un día me di cuenta que con ellas lograría, si, mejorar mi nivel de vida, pero sin salir del callejón sin salida. En otras palabras, lo único que lograría sería barrer la "jaula".
Duele ver correr el tiempo y que tantos seres amados se contenten con las libertades mínimas que les ofrece cualquier mesías político, cual sentenciado a cadena perpetua que se contenta con ciertos beneficios en vez de procurar ardientemente el indulto.
Cualquier campeón político, por sincero que sea, nace con pies de barro. Solo hay una excepción: Jesucristo.
Jesucristo responde al clamor de los que a través de las edades -pasadas, presentes y futuras- hayan pedido libertad. Esclavos de galera, siervos, leprosos, refugiados y oprimidos han hallado en El libertad. Por lo tanto cualquiera también puede hallarla ahora. A través de los siglos, en los momentos de mayor desesperanza en que el hombre se ha sentido solo, Jesús ha estado allí y lo ha atendido individual e íntimamente. Jesús ofrece una libertad que no estorba las demás libertades. Es una libertad que no te libra de problemas, sino que te brinda la fortaleza y el valor para afrontar la adversidad erguido y sin miedo. ¡Mucho más libre serás que aquel a quien hay que alejar de problemas! El hombre que halla en Jesús a un amigo y a un Salvador tiene libertades de sobra, fortaleza de sobra, y una dignidad que ningún hombre puede violar.

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree
que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Juan 5:5).

¡CUANTO LO AMO!

Puede ser que la religión que profesas te aburra, que tu iglesia parezca un cementerio Conocer a Cristo, sin embargo, es una eterna alegría. El momento más emocionante de tu vida será cuando comprendas que El vive
. . . y que te conoce por nombre. En ese instante las dudas se desvanecen. Desaparece el aburrimiento. El "misterio" del "yo" se disipa. La vida acepta un reto, una urgencia, una emoción. Le parece a uno que está terminando la gran Batalla. A través de las edades Jesucristo y Satanás han estado disputándose el corazón de los hombres. Uno se pregunta cómo no lo había comprendido antes, y se da cuenta que junto con la libertad se despierta en uno una nueva visión. Comprende uno entonces que Cristo peleó y ganó la más formidable batalla de la historia del mundo sobre una cruz en las afueras de Jerusalén. Y al ganarla nos abrió el camino hacia la libertad.
El hombre ha librado muchas batallas: Waterloo, Vimy Ridge' Stalingrado, el Bulge. Pero éstas se libraron con menos esperanza y por inferiores libertades. Para el hombre esos fueron sus grandes momentos. Sin embargo la hora cumbre de la humanidad transcurrió durante la batalla de la cruz. Cristo ganó. Con brazo poderoso le abrió una salida al callejón. Y con brazo poderoso también mantiene la cabeza de puente para cualquiera que quiera escapar. Pero muchos no escaparán.
Los bandos están bien definidos. Nadie es neutral. A la derecha está Cristo y la libertad eterna. A la izquierda está Satanás con sus lascivos secuaces: hombres violentos, sórdidos, viles, egoístas, orgullosos y burlones, que dejan a su paso corazones destrozados, hogares deshechos, y las vidas maltrechas de los que antes eran hábiles muchachos y tímidas chiquillas de pelo encintado. Si miras los despojos de esos individuos en ruina y no te conmueves, si no saltas hacia el bando de Cristo, si su nombre no te emociona, no es que Cristo no entusiasme, sino que El no es tu capitán: ¡ perteneces al otro bando!
En cuanto a mí, me quedo con Cristo. Vivo -para el estupendo día en que toda rodilla se doble ante El. La violencia y el escarnio habrán cesado. Satanás, ya vencido, lo presenciará todo junto con las almas condenadas que engañó para que compartieran con él su triste reino. más allá del alcance de la maravillosa luz de Dios.

Nubes sin agua. . . árboles marchitos.. dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas de la mar, que espuman sus mismas abominaciones; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternalmente la oscuridad de las tinieblas (Judas 12:13).

¿ No te das cuenta de la urgencia.? ¿ No ves cuánta gente bondadosa, amable, que quizás arnas, están siendo arrastradas tras las satánicas huestes de los condenados con los ojos demasiado vidriosos para ver la suplicante majestad de Jesús o escuchar sus vehementes súplicas?: "¡Mirad a mí y viviréis!"
Gracias a Dios que cada día que pasa hay unos cuantos que sienten la desesperanza de esta jornada y gritan alarmados: "Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?"
Sólo entonces escuchan con claridad la voz de Jesús que les dice: "¡Sígueme!"
Y creen en El, huyen. . . y se salvan.
Nadie podrá arrebatárselas a Cristo. Han alcanzado la libertad gracias al poder que el Padre le dio. El poder que se concentra en el pequeñísimo átomo, que multiplicado sostiene las galaxias en precisa e interminable órbita, es el infinito poder que los saca a la libertad y garantiza que serán libres para siempre.
Muchos miran con desprecio ese poder. Se jactan de la habilidad que tienen para lograrlo por sí mismos. Pero, ¡ay!, la valentía que despliegan es parecida a la triste valentía del pobre imbécil que, convencido de que puede volar, se lanza por la pista de aterrizaje agitando furiosamente los brazos y rompe a llorar de desencanto al final de la pista. Muchos seguirán creyéndose ganadores hasta el día en que tropiecen con un cadáver: el de ellos mismos.
Creer en Jesucristo no es un complicado ejercicio mental: es una simple aventura amorosa. Cuando uno lo conoce, lo ama. Y cuando uno lo ama, confía en El, escudriña sus palabras, se deleita en sus caminos, su amor es lo más importante del mundo. Fiel al que se ama con sinceridad, uno trata de agradarlo. Y cuando piensa en que ha de regresar, el alma se le llena de alegría. ¿ Qué opinarías de una novia que no lee las cartas de su amado, que no halla placer en complacerlo y que sólo el pensar que un día ha de verlo le inspira aburrimiento. . . y aun temor? Eso, claro está, no es amor. Si eso es lo que sientes por Cristo, nunca lo has conocido. Estás todavía en el callejón sin salida con una mecha que se te consume. El te dice: "Te vomitaré de mi boca".
En cambio, de los que le aman dice: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna: y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano" (Juan 10:27-28).
Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. . . y vendré otra vez. . . . para que donde yo estoy, vosotros también estéis (Juan 14: 2-3).
Tu amor hacia El, y por ende tu libertad, los puedes medir por las ansias que tienes de que El regrese. ¿Lo ansías? ¿Te llena de regocijo pensar que regresará un día, que un día has de verlo? Si no te regocija, no has escapado todavía.
Nunca trates de engañarte en cuanto a esto. Puede ser que vayas tanto a la iglesia que la gente crea que eres el conserje. Puede ser que leas la Biblia hasta amoratarte literalmente. Puede ser que seas tan moral que a veces sientas repulsión hasta de ti mismo. Sin embargo, la única evidencia real de que has escapado es el amor indestructible que sientas por Jesucristo.
Preguntarás: "¿Cómo se cultiva ese amor?" Claro está, no basta con desear amarlo. Uno no puede forzar el amor verdadero, ni puedes tampoco amar porque te da la gana. Amor verdadero es la unión singular, misteriosa, incondicional y eterna de dos corazones.
El amor que uno siente hacia el Hijo de Dios comienza con el pasaporte. "¿Qué pasaporte?", preguntarás. La Biblia declara que desde el instante mismo en que Adán le dio las espaldas a Dios, todo ser humano viene a este mundo con un pasaporte de ida sin regreso al infierno. Voluntariamente Adán rompió los lazos que unían a Dios con el hombre. ¿Qué no lo crees? Toda Biblia que hasta el momento se ha impreso declara esta verdad y te notifica que posees esa fatal herencia ¿ Que cómo un Dios de amor puede haberte condenado a esa suerte? La Biblia relata la maravillosa historia de Cristo, quien a un costo infinito reparó los nexos entre el hombre y Dios. Por eso es que tantos corazones confortados y agradecidos lo aclaman como el Salvador. Por eso es que Cristo es el único que puede decir "Yo soy el camino.
Pero aun así, millones de seres humanos neciamente siguen portando pasaportes que dicen bien claro: "Destino: Infierno".

Unos se burlan mientras otros tiemblan, Y, 'no se oye nada', necios alegan.

Son éstos los que nutren las raras y caprichosas filas de los culteranos modernos, individuos engañados e indiferentes que ven a Cristo en su papel de Salvador como una falsa alarma. En El sólo ven a un descarriado Hijo de Dios que grita en la cruz: "Padre, perdóname, porque no sé lo que hago".
Por Dios, amigo mío, ten mucho cuidado. Ese no es el Cristo de la Biblia. El Cristo que así te predican no puede cambiarte el pasaporte. Jamás podrías amar a ese Cristo. Pero al Cristo de la Biblia, al amado Hijo de Dios, ¿quién puede resistírsele? Como dijo el apóstol Pablo:
Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. . . aunque pecadores, Cristo murió por nosotros. . . justificados en su sangre por El seremos salvos de la ira (Romanos 5: 6-9).
El poeta captó esa visión cuando dijo:

Cargado de dolor y de vergüenza
En cruz horrenda por mí fue condenado;
Y con tanto dolor, sangre y vergüenza Compró mi liberad mi Dios amado.

Jesús ya ha estampado en el pasaporte del poeta la palabra: REDIMIDO. Y lo estampará en el tuyo también. ¿Qué remedio te queda sino amarlo?